Víctima de charlatanes pierde parte de su pene

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Un gran saludo a mis lectores de Caraota Digital, gracias por sus comentarios en mis redes sociales. Esta semana seguimos con la historia de Arquímedes y su cáncer en el pene, cosa no común, pero si ocurre y puede traer consecuencias muy complejas si no es atendido a tiempo.

Arquímedes vivió momentos de zozobra desde la semana anterior, cuando los médicos le comunicaron que la lesión observada en su miembro viril, con la que convivió en negación durante los últimos meses, no se trataba de un “honguito”, como él pensaba, sino por el contrario, era una lesión maligna, es decir, ¡tenía un cáncer en el pene!

Pasaron unos días de absoluto suspenso, mientras se realizaba los diferentes exámenes pre operatorios, no podía concentrarse en nada ni lograba abstraerse un segundo, estaba en alerta permanente. Todo lo relacionaba con la amenaza que tenía en ciernes. Fue al parque cercano para caminar y buscar un poco de paz con la mala suerte de ver cómo era podado un árbol, cortando su tronco más alto, al verlo caer, sintió un vacío en el estómago…

Algunas tardes lo asaltaba el deseo de irse de vacaciones para algún lugar lejano y no pensar más en aquella situación…. quizás consultar a otro médico donde podría encontrar una solución distinta o que cambiara ese diagnóstico tan nefasto… Le comentaba a su esposa: “a lo mejor esos doctores están equivocados y me van a malograr” Pero ella con paciencia y tolerancia le acompañaba y ante sus dudas lo hacía entrar en razón.

Así llegó el día de la cirugía, necesito tomar una medicación para controlar la ansiedad y realizar los trámites de ingreso. De admisión fue trasladado hasta el área quirúrgica donde lo saludaron tanto el anestesiólogo como el urólogo y sus ayudantes.

Le pidieron que firmara un consentimiento informado enviado a su correo con anterioridad donde se explicaba en detalle la patología y posibilidad de necesitar amputar parcialmente su miembro. Firmó con pulso tembloroso ya resignado.

A las ocho en punto de la mañana le suministraron anestesia general, a los pocos minutos ya estaba dormido y los cirujanos empezaron la cirugía, con los cuidados de rigor.  Habían marcado con tinta especial los bordes de la lesión. Un poco por fuera del margen se practicó la primera resección de tejido de aproximadamente un milímetro de espesor.

El experimentado urólogo al observar el fondo de la herida, les hizo ver al resto del equipo la evidencia macroscópica de lesión tumoral en su profundidad. Decidió tomar mayor cantidad de tejido, siguiendo el aspecto maligno del mismo, hasta llegar a uno de los llamados cuerpos cavernosos del pene, notando claramente su invasión.

El material fue enviado al servicio de anatomía patológica siendo recibido al instante por uno de los patólogos de guardia. El equipo quirúrgico se mantenía a la espera del resultado para seguir la conducta quirúrgica más aconsejable al caso.

Mientras comentaban, cómo era posible haber llegado a ese extremo del descuido, uno del equipo opinaba que era por ignorancia, mientras otro consideraba el miedo y la negación como razón de tal comportamiento evasivo. El anestesiólogo en medio de la tertulia comentó: “Cuando los pacientes tienen desconfianza basada en el miedo, son las víctimas perfectas de charlatanes, quienes ofrecen el tratamiento ideal, ajustado a la ilusión del que la padece.

Entonces repicó el teléfono de quirófano, silenciando a los presentes. La enfermera circulante puso el mismo en función para ser escuchado por todos, al otro lado, la voz del patólogo reportó –El material examinado es un tumor epidermoide del pene, de variante papilar, con franca infiltración del cuerpo cavernoso, ¡lo siento mucho por el paciente, que tristeza vale!…

-Sigo pendiente para revisar la pieza de amputación distal, así como la de los ganglios inguinales.

El Urólogo le comentó al resto del equipo – bueno sigamos adelante, lamentablemente debemos amputar el glande y parte del cuerpo del pene, dejando un margen de medio centímetro por debajo de la lesión. Una vez que nos confirmen márgenes libres, hacemos el muñón con reconstrucción del meato uretral.

Luego seguiremos con la resección de los ganglios inguinales de ambos lados para determinar si existe o no siembra tumoral en los mismos, es decir metástasis, esto nos dará luces sobre el pronóstico y conducta futura a seguir con nuestro paciente.

La semana que viene seguiremos con el desenlace de esta historia y para hablar sobre otras patologías asociadas los espero en mis redes sociales @drsotorosa.

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