El sorprendente caso de Derek Amato, se golpeó la cabeza en una piscina y descubrió que podía tocar el piano

Luis Alfredo Ledezma
5 Min de Lectura
Un golpe en la cabeza que pudo costarle la vida terminó revelando un talento musical extraordinario, así nació el sorprendente caso de Derek Amato, el hombre que descubrió que podía tocar el piano tras un accidente en una piscina. 
Derek Amato escribió el libro "My Beautiful Disaster" sobre la transformación en su vida a raíz de la lesión cerebral / Archivo

Un golpe en la cabeza que pudo costarle la vida terminó revelando un talento musical extraordinario, así nació el sorprendente caso de Derek Amato, el hombre que descubrió que podía tocar el piano tras un accidente en una piscina. 

Lo que para muchos habría sido una tragedia irreversible, para Amato se convirtió en un punto de quiebre. En 2006, durante un reencuentro con amigos de la secundaria en Denver, en Colorado (EEUU), intentó atrapar un pase de fútbol americano saltando sobre una piscina sin notar que estaba en la parte menos profunda. 

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Su cabeza chocó violentamente contra el fondo de cemento, provocándole una conmoción cerebral severa y varios días de inconsciencia.  

Al despertar, no imaginaba que su vida estaba a punto de transformarse de una manera inexplicable para la ciencia. 

Poco después de recibir el alta médica, Amato visitó la casa de un amigo donde un piano en la sala llamó su atención con una fuerza casi física.  

Se sentó frente a las teclas y, sin haber tomado jamás una clase, tocó durante cinco horas seguidas melodías complejas y fluidas.  

Según relató, su mente proyectaba «cuadrados blancos y negros» que se movían en secuencia, guiando sus dedos como si se tratara de una partitura visual interna.  

Ese episodio marcó el inicio de una habilidad musical avanzada, que surgió de la nada y desconcertó incluso a especialistas. 

«Mi mente parecía generar cuadrados blancos y negros que se movían de izquierda a derecha en secuencia. Los cuadrados parecían representar una guía que le decía a mis dedos hacia dónde ir en el piano», recordó el hombre. 

«Estaba haciendo cosas que no sabía que podía hacer», explicó. 

Derek Amato escribió el libro «My Beautiful Disaster» sobre la transformación en su vida a raíz de la lesión cerebral / Archivo

SOLO SIETE HORAS DE EXPERIENCIA CON EL PIANO  

Con el paso de los días, la evidencia de su nuevo talento se volvió imposible de ignorar. Su madre rompió en llanto al escucharlo tocar en una tienda de instrumentos, y un vendedor quedó atónito al saber que llevaba apenas «siete horas» de experiencia.  

Aunque algunos escépticos dudaron de su historia, Amato insistió en que jamás había estudiado piano, aunque sí había tenido contacto informal con otros instrumentos en su juventud.  

Lo cierto es que abandonó su trabajo corporativo y se dedicó por completo a la composición, publicando un álbum (Full Circle) y libro (My Beautiful Disaster), aun cuando el don vino acompañado de migrañas y pérdida auditiva progresiva. 

¿CÓMO FUE POSIBLE?  

Intrigado por lo que le ocurría, Amato buscó respuestas y encontró al psiquiatra Darold Treffert, referente mundial en el estudio de los llamados «genios accidentales».  

Tras evaluarlo durante años, Treffert lo diagnosticó con síndrome de savant adquirido, una condición extremadamente rara en la que un traumatismo cerebral despierta habilidades excepcionales en personas previamente neurotípicas.  

De hecho, estudios recientes sugieren que lesiones en el hemisferio izquierdo podrían liberar capacidades creativas del hemisferio derecho, una hipótesis que encaja con casos como el suyo. 

Entre los savants más conocidos figuran Kim Peek, la persona que inspiró al personaje de Rain Man, el matemático Daniel Tammet y el artista Stephen Wiltshire, capaz de reproducir paisajes urbanos con exactitud fotográfica tras observarlos brevemente. 

«La compulsión es bastante precisa. Mis dedos hacen una imitación de lo que veo incluso mientras duermo. Mi cerebro no se detiene ni se toma un descanso, compone constantemente. Cuando entro al estudio a ensayar o desahogarme, me siento tan abrumado por empezar a tocar que a veces me enfermo», afirmó Amato.

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