El nuevo dardo de Trump contra la OTAN que pone en duda estabilidad de la alianza en medio de disputa por Groenlandia

Luis Alfredo Ledezma
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Donald Trump, presidente de los Estados Unidos / Archivo

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, volvió a encender el debate sobre el compromiso de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) al afirmar que duda, que los aliados del bloque atlántico, apoyen a Estados Unidos en caso de una crisis. 

En un mensaje publicado en su red Truth Social, el presidente aseguró que Estados Unidos “siempre estará ahí” para la OTAN, incluso si —según él— otros países no responden con la misma lealtad. 

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“Siempre estaremos ahí para la OTAN, aunque ellos no estén ahí para nosotros”, escribió.  

Las declaraciones surgieron en un momento de tensiones geopolíticas crecientes y mientras la Casa Blanca mantiene abierta la posibilidad de utilizar la vía militar para avanzar en la anexión de Groenlandia, territorio perteneciente a Dinamarca, miembro de la OTAN.  

Este contexto elevó el impacto de las palabras del mandatario, que desde hace años critica el nivel de compromiso financiero y estratégico de varios socios europeos dentro de la alianza. 

“¡Estados Unidos pagaba tontamente por ellos! Con todo respeto, los he hecho llegar al 5% del PIB” destinado al presupuesto de defensa, afirmó Trump. 

Trump ha insistido repetidamente en que Estados Unidos carga con un peso desproporcionado dentro de la OTAN, tanto en gasto militar como en capacidad operativa.  

En su mensaje, reiteró que Washington ha cumplido históricamente con sus obligaciones, mientras que algunos aliados —según su visión— no han correspondido con el mismo nivel de responsabilidad.  

“Recuerden también que yo solo he puesto fin a ocho guerras y Noruega, miembro de la OTAN, ha decidido estúpidamente no concederme el Premio Nobel de la Paz. El único país que China y Rusia temen y respetan es a los Estados Unidos”, concluyó. 

¿EN RIESGO LA ALIANZA?  

El renovado interés de Donald Trump en Groenlandia vuelve a encender alarmas sobre la estabilidad futura de la OTAN.  

La alianza, creada en 1949 para contener la amenaza soviética durante la Guerra Fría, ha centrado históricamente su misión en enfrentar riesgos provenientes de Rusia y de organizaciones terroristas internacionales.  

Su funcionamiento depende, en gran medida, del liderazgo político y la capacidad militar de Estados Unidos. 

Como mayor bloque de seguridad del planeta, la OTAN se sostiene sobre un principio similar al de “Los Tres Mosqueteros”: si uno de sus miembros es atacado, todos los demás están obligados a responder.  

Esa promesa colectiva, consagrada en el Artículo 5 del tratado fundacional, ha sido clave para mantener a Rusia alejada del territorio aliado durante décadas. 

Sin embargo, en una estructura que requiere unanimidad para actuar, el Artículo 5 pierde sentido si el agresor es uno de los propios miembros. 

A lo largo de los años, tensiones entre aliados incómodos —como Grecia y Turquía— han derivado en hostigamientos militares y disputas fronterizas.  

Pero ninguno de esos episodios internos ha representado una amenaza real para la cohesión de la alianza comparable a la que implicaría un intento estadounidense de apropiarse de Groenlandia.

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